"Me desperté tarde tras un sueño agitado que no me había dejado descansar. Me levanté enfadado, irritado, de mal humor. Observé mi habitación con odio. Era una jaula minúscula, de no más de seis pies de largo y tenía un aspecto deprimente gracias al papel rosa que aún duraba des de esa edad de inocencia."
Salí de la amargura de esas cuatro paredes para dirigirme a la cocina, esa habitación que te hace viajar en el tiempo. Es algo curioso y extraño: llena de colores y olores que te hacen imaginar viajar más allá de este país de incomprendidos. Supongo que el echo de que mi cuarto de relajación, por así decirlo, sea la cocina, resultará bastante curioso e incluso para algunos un tanto loco... Pero intentad comprenderme, cerrad los ojos y entrad, situaos en el centro de la cocina: mil perfumes distintos y ruidos, miles de ruidos. Allí me prepare mi café y me dispuse a sentarme en la mesa junto a mi querido padre que, desde hacía tiempo, parecía haber hecho un trato con el diablo para no volver a hablar.
Hacía ya cinco meses de la muerte de esa mujer que había marcado a mi padre de tal manera que convirtió a un hombre alegre con ansias de superación y ganas de, aun con cuarenta y tantos años, a seguir conociendo cada detalle de este mundo: viajar. Adoraba viajar, era su mayor afición. Pues bien, des de que se fue dicha mujer, su mayor viaje ha sido el trayecto desde nuestro pueblo abandonado a la ciudad mas cercana a por tabaco. Sentada a su lado podía observar en cada detalle de su tristeza, como gotas de lluvia resbalando por la ventana, su cara quedaba empapada de esas sentidas lagrimas. Mi angustia por saber que jamás podría ayudarle a llenar tal vacío me hacía sentir impotente frente a una situación desesperada y al límite. Papá se levantó y sin decir nada se marchó de la casa como huyendo de mi cara de compasión.
(...)
Habían pasado ya 48 horas y seguía sin aparecer. Horas, horas y más horas sentada en esa comisaria donde no decían nada, lo más interesante que me habían podido contar era que posiblemente no volvería. Dicen que cuando alguien recibe tal golpe y no puede superarlo habiendo intentado todas las formas posibles, la única solución que encuentran para acabar con su angustia es marchar.
Sí, mi padre había partido, ¿hacia dónde? Jamás lo sabría, pero recordando su última mirada haia mi, creo que fue a reencontrarse con quién un día le quitó la vida que ahora ya no tenía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario